El perfume que envenena

Si Cristóbal Balenciaga levantase la cabeza se volvería a la tumba de nuevo con un disgusto al comprobar que el niño mimado de su legendaria casa, Nicolas Ghesquière, no sólo fabrica pret-à-porter

(Balenciaga se retiró del mundo de la moda cuando las casas de Costura sucumbieron), sino que ahora ha decidido crear algo asequible para (casi) todos los bolsillos. Se trata de la primera fragancia de la firma, que acaba de llegar a nuestro país por el módico precio de unos 98 euros (75 cl) y que se puede encontrar en algunos puntos selectos de la capital.

Si recordamos que Balenciaga es de las firmas más exclusivas y codiciadas del mundo en estos momentos, con prendas que cuestan alrededor de 6000 euros, su fragancia es un claro acercamiento a las masas. El mismo Ghesquière afirma: “Me alegra poder compartir algo de la marca con más gente. Si la mujer reconoce el estilo y le gusta, pero no puede permitírselo y se identifica con el perfume, ya habré conseguido algo interesante”.
Y… ¿a qué huele Balenciaga? A violetas y musgo con un toque de pimienta; es dulce y juvenil con almizcle y aires de madera. Charlotte Gainsbourg, amiga íntima de Ghesquiére e imagen de la fragancia, con su belleza austera y sin excesos, encarna a la perfección las cualidades de Balenciaga Paris.
Por supuesto no hay que olvidar su presentación, esa que hace que las que lo adquieran se sientan más cerca de la firma: El frasco tiene forma poliédrica, un tapón de marfil y está cubierto con un guardapolvo con el logo de la casa sobre el que va la elegante caja.
Estamos seguras de que si el diseñador vasco y fundador de la casa lo oliera, se envenenaría de delicia con lo que ha creado su digno sucesor.

Textos: Virginia Vega

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