¿Quién es esa chica?

En los años 20 se pintaban los negativos de las fotografías de Marlene Dietrich para alargar sus pestañas. 90 años más tarde, el retoque fotográfico ha evolucionado hasta convertirse en una parte esencial de cualquier proceso creativo. El responsable: el idealizado y denostado Photoshop.




Ahora que las celebrities han reemplazado a las modelos como reclamo publicitario, con su gran carisma y sus defectos físicos, el retoque se ha hecho más esencial que nunca. Al no tener unas medidas perfectas, unas piernas kilométricas, o los ojos del azul idóneo, las recrean, reconvirtiéndolas en mujeres que no tienen nada que ver con quien son en realidad.
Y yo me pregunto: ¿realmente merece la pena pagarle una pasta a Scarlett Johansson para que pose para Mango si al final no va a parecer ella? ¿No trae más cuenta coger a otra, transformarla en Scarlett, y jugar al despiste? Pues parece ser que no.
La mujer que quería ser Marilyn, que ha encabezado las listas de la mujer más sexy del mundo por sus curvas –volviéndolas a poner de moda, por cierto, por lo que debería estarle agradecida-, ¿ahora va, y se las quita? ¿y además se pone barbilla, se añade pómulos y se colorea sus ojos de color azul-mar-caribe? ¿Pero no era ya perfecta? Será que me habían informado mal.
El caso es que el resultado es una campaña interesante, pero nada más. De hecho, creo que si no me recorto los muslos con el tampón de clonar, no me van a servir los pantalones. Así que paso de intentarlo.
De todas formas, yo lo que no entiendo es porque cada vez se nos incita más a que parezcamos todas como recién salidas de la factoría Disney. Es decir, como si nos hubieran dibujado con pincel. ¿No es más bonito ser diferente?
Pues parece ser que no. De hecho, Nicole Kidman, en su última campaña para Omega parece, directamente, una muñeca. Y no me malinterpretéis, sale preciosa. Cada una de sus facciones es exactamente como debe ser mirada desde el punto donde está la cámara. 
Pero no es ella. Es un dibujo, pero inanimado. Una muñeca de plástico. Entre las operaciones y el Photoshop, hace tiempo que dejó de ser ella. ¿Y acaso no es eso lo peor que hay?
Como ella, Madonna, Julia Roberts, Cate Blanchett o Monica Belucci son algunas de las víctimas de este hiperperfeccionismo estético que nos va a llevar a todos por el camino de la amargura.
Pero no me malinterpretéis, el uso de esta herramienta de trabajo –MI herramienta de trabajo-, que está muy bien para corregir algunas manchas, granitos o brillos en la piel, ha degenerado hasta tal punto que nos ha prohibido al común de los mortales tener ojeras, celulitis o algo de tripa. Me pregunto si no sería mejor ver mujeres reales; si no sería mejor pensar ‘qué bien me sentaría ese pantalón, porque la modelo tiene curvas, como yo; o ‘anda, pero si Monica Belucci tiene arrugas y sigue estando guapísima’… Me pregunto… ¿Alguien tiene una respuesta?

Texto: Cristina Romeu

2 comentarios:

María dijo...

Cuanta razón tienes Cris...

Anónimo dijo...

Como se llama a esto ?? armas de mujer ?? ...ó un intento mas de comer la moral a las mujeres y alegrar la vista a los hombres ??